
Maria Manuela márquez Madriz
Curso de liciosas.
Estela Drillo
2009
Con los mil enarios que me había ganado en el Ipse,
asistí al curso de liciosas que daban en Frenta. Miento si digo que me sentía segura de esto,
pero me armé de tector y me fui a la escuela de tergentes a inscribirme.
Al principio, me la ancolía todo el tiempo con los instrumentos,
pero poco a poco, logré ser vicial, ó, "blicua" como diría la mida del curso. La Sra. Mili Brito.
Al cabo de un mes ya me sentía como dismo en igma, y se me ocurrió
hacer una nimidad para comprobar mis teriosas recién adquiridas.
Nos reunimos en mi lanesa.
...Ésta era mi cosis. ¡Mi graña! Mas aún, ¡Mi sionera!
¡No podía permitir ni un icornio! Mucho menos un güento, por más pequeño que fuera.
Esa noche, serví lleta horneada con tenta a la gaña.
La coloqué en la tada con mucho cuidado, mientras servía el ástica
y acomodaba el efante junto al cornoque.
Los invitados se ducían y se llaban sin problema alguno.
Yo los convidaba a filarse en el icóptero y ellos abrían las illas de par en par, padeantes de emoción.
¡Me sentía como un iverso!
Al tiempo que veía a mis celáneos disfrutar de la gartija me llenaba de licatés.
Flor, eciéndo como nunca, me hacía preguntas a cerca del toide.
Yo le respondía con la seguridad que tendría, por ejemplo, un ánime famoso.
En medio de aquella nura, hasta olvidé sacar las iguientes que tenía en el egante
y aquel oide que había comprado en la vadora de la esquina.
De todas formas, todos estaban ya, tan, pero tan gibles, que realmente, no hicieron falta.